sábado, 13 de diciembre de 2014

Porqué Junin de los Andes es como es

Muchas veces salimos a pasear por nuestro pueblo y no podemos dejar de observar lo bello, fértil, maravilloso y único que es el vallecito donde vivimos. 



Recorremos el pequeño centro y encontramos la iglesia, las escuelas cristianas, el monolito del Fortín, las fotos que nos recuerdan el trabajo arduo de los "primeros pioneros". 





Si averiguamos quienes eran esos "primeros pioneros" iremos encontrando que los nombres de sus familias están aún en el pueblo y que casi siempre coincide conque tienen sus casas o negocios en el área centro. También si conocemos las estancias que rodean nuestro pueblo, sabremos que tienen su origen a fines del Siglo XIX y que todas estaban vinculadas a las grandes familias de la oligarquía argentina.


Si subimos al Cerro de la Cruz vemos como este hermoso pueblo ocupa este fértil valle y si miramos hacia el norte podemos ver el Cerro Santa Julia y allá lejos, pasando las estancias que se desplegan en todo el horizonte, allá en la lejanía, comienza Malleo y el comienzo de tierras menos fértiles y más pedregosas. Y más allá, los caminos que nos llevan a nuestra más profunda ruralidad.

Junín de los Andes es un lugar que tiene un nombre impuesto. Parece ser que se llamaba Cum Cum Niyeu, y éste lugar fue habitado mucho antes de que llegara el ejército argentino con la Conquista del Desierto. Era un espacio de encuentro, un hábitat para cientos de familias que desarrollaban su vida comunitara.

La historia de Junín de los Andes, escrita por la tradicional Junta de Estudios Históricos, omitió hablar de las poblaciones que ya existían como sujetos de derechos o si habló siempre se habló como poblaciones ya desaparecidas. Esta  junta fue perdiendo su prestigio dentro del campo historiográfico a la luz de nuevos descubrimientos de la Antropología y de la Historia, y además por haber respondido a intereses propios de la Sociedad rural, el Ejército y la construcción de la liturgia neuqueniana del MPN en la escritura de esta historia que hoy continua en la mentalidad popular como verdadera y objetiva. 



Entonces como primera premisa para entender dónde estamos y dónde vivimos:

1º) La historia de Junín de los Andes  que circula en nuestro pueblo ha sido sistemáticamente falseada. Siempre ha respondido a intereses del Ejército, la Iglesia y la Sociedad Rural. La historia social, la de los mapuche, la de los peones, la de los alambradores, de lxs orpimidxs, entre otros, aún no ha sido escrita. La escritura de la historia local siempre ha respondido a los sectores del poder, lo que ha contribuido a generar nuestra mentalidad local.

La historia que conocemos de nuestro pueblo siempre se ha encargado de hablar de los mapuche desde la xenofobia y  la discriminación. Junín de los Andes no ha sido la excepción; pero Junín de los Andes es un espacio clave en tanto concentra la sede de la Sociedad rural del Neuquén, las estancias, y el Ejército. Ningún otro pueblo de la provincia tiene estas instituciones enfiladas: y ésto responde a que este Departamento, alberga una de las mayores concentraciones de mapuche de la provincia y según el último censo nacional, del país.


"Sociedad Rural" en Bajada de Línea.
Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=K_Sx-JVNq_M

Entonces, para saber en qué sociedad estamos, es fundamental que sepamos cómo estos grupos que se encargaron de organizar nuestro actual mundo simbólico, siguen operando.

Pero volvamos el tiempo atrás, para empezar a conocerlos en serio y saber cómo hablaban de los mapuche, y cómo comienzan a describirlos como grupo social.

“Ese puñado de nómades tirados entre las piedras, hacinados como cachorros y tiritando de frío, sin más ideales que sobrevivir con sus piños trashumantes entre las abras de su montañas; eternos mendigos de esta tierra que fue suya y que perdieron por la fuerza bruta de las armas, hechos al mero “revés” de la trama de la historia”.[1]

Concretado el genocidio mediante la llamada “Conquista del Desierto”, se profundizó la estigmatización del mapuche y la construcción del los fundamentos epistemológicos etnocidas vigentes en un segmento de la sociedad argentina y la imagen del “indio sometido”.

En esta antología de los discursos racistas contra el pueblo mapuche, encontramos estilos de producción de una verdad que se pretende histórica. En nuestra provincia, un elemento que operó en este sentido, y que anunciamos más arriba, fue la Junta de Estudios Históricos del Neuquén. En este punto la teoría de Pierre Bourdieu nos es ampliamente beneficiosa, ya que pone en evidencia la lucha por el poder del campo científico o peseudocientífico local y que puede observarse en gran parte del territorio argentino con el tema indígena.

El discurso de la Junta de Estudios Históricos del Neuquén – comandada por Raone[2] de procedencia militar- avanzó en un intento por constituir un discurso humanista cargado de simbología del vencido; una folklorización del mapuche y su vida. Esta Junta de Estudios Históricos promovió el Congreso de Historia Regional en Junín de los Andes – actualmente cuestionado pero vigente – por ser un congreso militar en sus orígenes y permitir aún en día la propagación de este tipo de investigaciones tendeciosas funcionales a los sectores de poder.

Entre estos acercados a la historia, existe una fuerte lucha por instalar la procedencia chilena de la población mapuche, desconociendo los rasgos esenciales de su distribución territorial  y su legitimidad como Nación en una amplia franja de los actuales estados de Argentina y Chile.

La nominación que se hiciera de ellos a través del tiempo, desmembró su unidad, aislándolos y negándole su propia Nación: en Chile fueron llamados araucanos, en Buenos Aires los Pampas, en San Luis los Ranqueles (ranculches), en Neuquén los Pehuenches, Picunches, entre otras múltiples variaciones en la denominación. La denominación que se hizo de estos pueblos se basó en referencias de toponimias indígenas que devino en la nominación de los pueblos. Si uno analiza los mapas antiguos de las zonas encontraremos registros toponímicos que hicieran españoles y luego el Estado Argentino, del mapuzungún o mapudungún. Esto quiere decir que existían pueblos que hablaban ese idioma, y si se compartía un idioma, cultura y cosmovisión en común, estamos hablando de una nación cultural.




La instalación de este discurso sobre la procedencia chilena de los mapuche permite seguir socavando los derechos de este pueblo sobre el territorio, sobre los recursos y sobre su devenir. 

Bórmida, catedrático de antropología física que dominó -hasta su muerte-, de manera autoritaria, la actividad antropológica en la Universidad Nacional de Buenos Aires[3], caracterizaba a las poblaciones mapuche de esta manera: “una zona en la que sobrevivieron en la actualidad los restos de las más antiguas poblaciones aborígenes que vinieron a habitar el continente (…) invasión de los belicosos araucanos provenientes de Chile (…) fueron los únicos grupos indígenas del sur que mantuvieron relaciones hostiles con la Nación Argentina…(…) pueblan tierras fiscales o bien son tolerados en campos de propiedad privada”. (Clarin, 4 de septiembre de 1975). 

Pierre Bourdieu afirma que el campo científico es un lugar de luchas, porque produce y supone una forma específica de interés, referenciada por intereses diferentes, producidos y exigidos por otros campos; es un espacio objetivo de un juego en el que se encuentran comprometidas apuestas científicas, pero no sólo son determinaciones científicas sino determinaciones propiamente sociales de prácticas esencialmente sobredeterminadas, es decir, hay un interés intrínseco y un interés extrínseco.[4]

O sea que detrás de toda idea que circula siempre hay intereses que responden a grupos específicos. 

Los discursos científicos que posicionan al pueblo mapuche en este contexto, puede decirse que son funcionales a los intereses de grupos minoritarios que han concentrado la propiedad luego de la “Conquista del Desierto”,  fuertemente vinculados a la Sociedad Rural Argentina y con fuerte presencia en el Departamento Huiliches.

“… la “cultura” de la oligarquía de la tierra transmitida, en particular, a la clase media, y cuyos valores, difundidos a través de la escuela, diarios, revistas, televisión, etc., son máscaras de la dependencia económica. Estos valores coloniales contrahechos tienden a crear una imagen falsificada en la Argentina. Así, el colonizado deviene extranjero en sus maneras de sentir y pensar, y de este modo, aunque vive en el país, permanece extraño a su realidad profunda… [5]


Para poder entender los fundamentos de los orígenes de Junín de los Andes, único pueblo del Departamento Huiliches, debemos analizar como comienza a hablarse de ella: Toda historia previa de la vida de las comunidades originarias ha sido enajenada, desoída, enclaustrada: no circula en los ambientes escolares locales. La historia de Junín de los Andes comienza siempre con una narración etnocida:

“el 14 de febrero de 1882 el Regimiento 3 de Caballería de Línea, del que era jefe del Teniente Coronel Don Baltazar Peñiñory, llegó a Junín, instalándose en este punto, en esa fecha completamente despoblado a no ser por los aborígenes que sumaban alrededor de dos mil”.

¿Espacio completamente desapoblado con 2.000 personas? Claro, en ese momento no consideraban personas a los mapuche. Pero la obra salesiana enseguida los consideró educables: ese año, ya habían 40 niños en la escuela, pero no sabían hablar castellano.

Este pueblo, Junín de los Andes, fue configurándose de manera circunscripta: rodeada de inconmensurables estancias ganadas en la “Conquista del Desierto”; queda a la vera de las tierras fértiles, el pueblo mapuche, quien para este período tenía ocupación en el espacio cordillerano sumamente dinámico y de larga data.

El padre Domingo Milanesio denunciaba en 1912 en Junín de los Andes el mecanismo de los grandes terratenientes:

“Varios de los concesionarios o compradores de campos, al momento de ponerse en posesión vieron que en sus tierras habían muchas familias, tal vez más de lo que exigiera la ley para darles el título de propiedad. Pero una vez que esa población sirvió de hincapié a los solicitantes para presentar a la Oficina de Tierras y Colonias los comprobantes de cumplido y haber recabado la escrituración que los acreditaba como dueños, los despacharon luego como intrusos.” 

Con respecto a los mapuche que quedaron del lado argentino, Isabel Hernández afirma que fue a partir de 1964, fecha en la que se sanciona  en Neuquén el decreto N° 737, se establecieron 18 reservas y se otorgó un promedio de 10.000 hectáreas por ocupación, revocando de esta forma anteriores resoluciones de ocupaciones precarias. Se pretendió dar así comienzo a la reorganización definitiva de las agrupaciones indígenas en la provincia argentina con mayor concentración mapuche. No obstante el cumplimiento parcial de esta legislación, su incorrecta instrumentación, y la calidad de las tierras otorgadas, determinaron la permanencia del conflicto y la persistencia hacia el presente de numerosos litigios irresueltos con respecto a la tenencia del suelo. Un informe del instituto de promoción social de la provincia, expresa con respecto al decreto N° 0737:

“de esta manera se obligó a un grupo étnico a vivir en tierras ineptas, donde las unidades económicas no existen por la características del suelo, las dimensiones de la tierra, la falta de preparación y orientación previa y continua  a los individuos comprendidos dentro de este sistema”[6]

Esta autora realiza un importante estudio comparativo entre las explotaciones mapuche y no mapuche en la provincia del Neuquén, y para el Departamento Huiliches establece que son 5 las agrupaciones mapuche subdivididas en 171 explotaciones individuales que concentran 21.750 hectáreas, mientras que las explotaciones no mapuche son 6 y concentran 215.332 hectáreas, es decir, el 90,8% de las tierras se encuentran en manos de terratenientes.






“Dado el carácter de las unidades productivas de la zona, los grandes terratenientes ausentistas, en su mayoría dedicados en explotaciones extensivas a la cría de ganado, contratan personal asalariado fundamentalmente en los momentos  ‘pico’ de producción, zafra lanera principalmente. Los indígenas, más que en ninguna otra economía regional argentina, completan los precarios beneficios de sus diversas explotaciones vendiendo temporariamente su fuerza de trabajo y convirtiéndose en sub-proletarios rurales de las condiciones más desventajosas y discriminatorias del mercado de empleo local. ‘Las agrupaciones indígenas’, por tanto, son reservas de mano de obra funcionales a la organización productiva de la zona, aunque la misma encierra en su práctica cotidiana, la más flagrantes violaciones al legítimo derecho de todo ser humano de vender libremente y en igualdad de condiciones su fuerza de trabajo.”




El problema del indio[7] tal cual lo abordaba Félix San Martín, quien fue hacendado de la zona y miembro fundador de la Sociedad Rural aconsejaba se promueva la mestización de este pueblo con el argentino para que su espíritu de indio sea doblegado, su incorporación al ejército para que se convierta en una persona útil y la desarticulación de las reservas.

“Se ha cometido un error al agrupar los indios en tribus y dejarlos librados a su iniciativa. Es así como han podido mantener casi intactas sus costumbres nativas, convirtiéndose en rémora de los pobladores linderos.”


En cuanto a la discusión sobre qué sucedió, si hubo o no genocidio del pueblo mapuche, la Doctora en Antropología Diana Lenton afirma que existió una"matanza de la población civil. Algunos tienen la imagen de batallas al estilo romántico de un ejército contra otro. La característica de la campaña de Roca es que está principalmente dirigida a la población civil. Las memorias del comandante Prado dicen claramente que el ataque a las tolderías es para caerles encima a las mujeres y niños que quedaron cuando los hombres no estaban. Estaba planificado así para llevarse el botín, sobre todo el ganado, y las familias porque ésa era la operación que iba a llevar a los indios a rendirse. 

 
Museo de La Plata, restos humanos mapuche. 


Son operaciones contra la población civil, donde mueren mujeres y niños, o eran enviados como mano de obra esclava para el trabajo doméstico urbano o para la agroindustria, caña de azúcar y viñedos. También se cumplen otros elementos de genocidio, el someter a la población a condiciones que acarreen daño en su subsistencia, que pueda provocar enfermedad o muerte, y eso implicaron los traslados de la población sometida a campos de concentración".(8)



Entonces vecinos, empecemos a pensar críticamente que el pueblo que habitamos tiene unos orígenes oscuros, nacidos del genocidio contra una Nación.  Desde este lugar empezaremos a pensar porqué Junín de los Andes es como es y que estructuras de poder subyacen y aún tienen vigencia en ella.

Rosana Süther






[1] Padre Francisco, ¿dónde está tu hermano?, Editorial Latinoamérica Libros SRL, 1982. Citado por Esteban Erize, Mapuche 1, editorial Yepun, Buenos Aires, 1987. 
[2] Raone constituirá un museo propio en la ciudad de Neuquén cuya colección – material saqueado durante la “conquista del desierto” y todo el relevamiento fotográfico de los poblados mapuches existentes para la época- será de acceso para pocos.
[3] Juan Carlos Radovich y Alejandro O. Balazote, “El pueblo mapuche contra la discriminación y el etnocidio” en: Historias de las familias mapuche Lof Paichil Antriao y Lof Quintriqueo. Mapuche de la margen norte del lago Nahuel Mapi. Compilación Archivos del Sur, subcomisión de la Bilioteca popular Osvaldo Bayer, Editorial Inacayal, 2009.
[4] Pierre Bourdieu, El campo científico, en: Pierre Bourdieu. Intelectuales, política y poder. Editorial Eudeba, Buenos Aires, 1999. Pág.78.
[5] Juan José Hernández Arregui, “Peronismo y socialismo. Dos patrones culturales: la cultura oligárquica y la cultura nacional”. En: Raúl Cuestas. Montoneros y el pensamiento nacional, popular y revolucionario (1810-1982). Editorial de la Universidad  Nacional del Comahue, Neuquén, 2011.
[6] Plan de Desarrollo Indígena, Secretaría del COPADE, Neuquén, Noviembre de 1973.
[7] Félix San Martín, 1929. En: Gregorio Álvarez. Historia geografía, toponimia. Imprenta del Congreso de la Nación, Buenos Aires, septiembre de 1983.
(8) Entrevista a Laura Lenton. Disponible en http://www.siemprehistoria.com.ar/2011/10/porque-decimos-que-la-conquista-del-desierto-fue-un-genocidio/

Por qué JUNIN PIENSA


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