Para poder seguir
profundizando sobre la realidad de Junín de los Andes, comparto el
material de estudio del curso del Programa Nacional de Formación Docente
"Nuestra Escuela" que ha sido realizado por el Ministerio de Educación de la Nación desde la Modalidad
de Educación Intercultural Bilingüe e implementado junto a la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Son cuatro clases que iré compartiendo.
La idea que propone el Ministerio de Educación para este curso que ofrece de manera gratuita y virtual, es la de generar debates y reflexiones que puedan trasladarse al aula y a
nuestras vidas. El curso se propone abordar las relaciones entre pueblos
indígenas y Estado a lo largo de dos grandes períodos; el periodo
colonial y el de conformación del Estado Nacional hasta el momento en
que se desarrolla el avance militar sobre las regiones de Pampa y
Patagonia. Este curso se inscribe dentro de las políticas educativas de memoria, verdad y justicia,
siendo conscientes del cambio que debe afianzarse en torno a los
avances en la lucha y defensa de los Derechos Humanos en general y de
los Derechos especiales que los pueblos originarios tienen en nuestro
país. Podemos decir que este curso mucho más que un curso de historia,
pues busca dar sentido a los estudios históricos en un presente que
sigue siendo injusto para aquellos grupos que han sufrido políticas de
eliminación y estigmatización sistemáticas.
Para
el desafío de analizar la realidad de Junín de los Andes que nos hemos
impuesto como objetivo, estos materiales de estudio son de gran
importancia. Lxs invito a leerlos y a reflexionar sobre ellos.
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| Foto publicada por el diario Río Negro |
Comenzamos entonces a leer la propuesta de Nuestra Escuela...
Clase 1: Imaginarios colectivos y discursos
dominantes acerca de las relaciones interétnicas. La identidad Argentina
y los pueblos indígenas en Pampa y Patagonia.
En esta clase se trabajarán “frases” que,
probablemente, hayamos escuchado y dicho alguna vez. Son ideas fuertes
que se han producido a lo largo de la historia y de las que nos hacemos
eco casi sin darnos cuenta, pero que los estudios históricos y
antropológicos nos permiten discutir en profundidad. Para que estas
ideas tan afianzadas en el sentido común sean debatidas, nada mejor que
las aulas, espacios educativos por excelencia.
Seguramente en algún momento hemos dicho o escuchado a otros decir frases como las que siguen:
- La Argentina es un crisol de razas.
- Los argentinos descendemos de los barcos.
- La conquista del desierto permitió poblar el sur del país.
- La Argentina es un país sin indios
- Los mapuches son chilenos
Estas afirmaciones se vinculan con lo que desde
la antropología y la historia, se denomina actualmente la
“invisibilización indígena”. Utilizaremos estas frases como puntapié, a
fin de debatirlas a fondo en las sucesivas clases.
1) La Argentina es un crisol de razas
La expresión “crisol de razas” se ha utilizado
para representar sociedades heterogéneas que se convierten en homogéneas
a partir de la “integración”. El término crisol proviene de la minería y
alude a un recipiente donde se funden los metales, en esta expresión lo
que se mezcla y unifica son las “razas” humanas (término que también
amerita un debate, por su impronta determinista biológica). La expresión
“crisol de razas” y otras similares se utilizaron en numerosos países,
no solo en Argentina, para describir las formas de integración a partir
de procesos masivos de inmigración en momentos de creación de los
Estados-Nación.
La Argentina se inscribe como un país con una
muy alta tasa de inmigración, sobre todo hacia fines del siglo XIX y en
los primeros 25 años del siglo XX. En nuestro país, ese “crisol de
razas” se utilizó como parte de un discurso dominante que permitía
mostrar una homogeneidad en la diversidad, mediada por la acción estatal
y por la idea del “paso del tiempo” como elementos centrales que
operaban para el “mestizaje”, la “asimilación” y la “incorporación” de
los distintos componentes de la población.
El “crisol de razas” remitía a la “mezcla”
entre criollos e inmigrantes, en mayor parte europeos (italianos,
gallegos, polacos, vascos, rusos, entre tantas colectividades llegadas
del viejo continente) a los cuales se les sumó un contingente importante
de árabes a quienes se los denominó inicialmente “turquitos”. De este
modo, el componente poblacional indígena quedaba subsumido
-invisibilizado- dentro de la categoría de criollos.
La problemática que encierra esta idea de
“crisol de razas” es doble: por un lado se interpreta que la simple
“convivencia” genera una nueva identidad a partir de la fusión de
poblaciones (razas), ignorando el papel del Estado y los sectores
dominantes en las relaciones entre ellas; y por otro, tiende a valorar
implicitamente unas poblaciones sobre otras. En nuestro caso, las razas
“superiores” eran las europeas que debían civilizar a los criollos,
operación que a su vez ocultaba la presencia de los indigenas,
invisibilizándolos, marginándolos y excluyéndolos del discurso
identitario nacional. En ambos casos los pueblos indígenas que habitaban
y habitan en Argentina fueron víctimas de un discurso que los disolvió,
los marginó y los minorizó dentro de la imaginería nacional.
2) Los argentinos descendemos de los barcos
Podríamos situar este tipo de frases bajo el
paradigma del “crisol de razas”. El escritor mexicano Carlos Fuentes
dijo alguna vez que “… los mexicanos descendemos de los aztecas y los
argentinos de los barcos…”, señalando esta impronta europeizante de
nuestro país. Lo cierto es que la forma estatal de construir la
identidad nacional desde fines del siglo XIX estuvo fuertemente ligada
al Buenos Aires porteño y a la presencia de inmigrantes europeos, una
autoimagen europea de los argentinos que fue “exportada” por
Latinoamérica.
Si los argentinos descendemos de los barcos, es
justo preguntarse ¿quiénes son aquellos que hoy se reconocen como
indígenas? ¿Son descendientes de quienes vivían en estas tierras desde
tiempos previos a las conquistas y migraciones masivas? ¿Qué clase de
ruptura genera una frase tan potente como “descendemos de los barcos”?
¿A quién afecta esta forma de pensamiento?
Esta viñeta publicada a principios del siglo XX
nos permite pensar acerca de cómo se registraba la presencia indígena y
establecer posibles relaciones con las identidades nacionales que
circulan actualmente.
Transcripción cuadro a cuadro, de derecha a izquierda y de arriba a abajo.
1. El francés como garçon, es toda una institución./ 2. El español, como hortera, da principio a su carrera./ 3. Laborando, el italiano se va sano e va lontano./ 4. Electricidad y cerveza dan al alemán riqueza./ 4. Donde se encuentra el inglés es feliz con whisky y res. / 5. Mucho al ruso le contenta ser un zar de compra y venta. / 6. El turco feliz se siente vendiéndolo ¡todo a vente! / 7.El chino aquí mete baza porque lo protege Plaza. / 8. Como aquí el indio ha acabado, ahora nos viene importado. |
3) La conquista del desierto permitió poblar el sur del país.
El avance militar-estatal sobre la Pampa y la
Patagonia (1879-1885) es conocido historiográficamente como “La
Conquista del Desierto”. Sin embargo, la imagen de “desierto” es
anterior a ese momento: en parte, provino de la cartografía que, a
medida que fue acompañando la exploración del continente americano, fue
“creando el desierto” para representar los espacios desconocidos o que
le eran vedados a los europeos. La imagen “desierto” se unió con la
imagen del “bárbaro”, el “salvaje”. De ahí que el desierto se convirtió
en el lugar del cual había que “extirpar” al indígena para transformarlo
en un espacio productivo y civilizado. Sin embargo, hoy podemos decir
que hay una contradicción entre el acto de “conquistar” y el espacio
“desierto”: el desierto no se conquista, se ocupa. En cambio si hay
pueblos que lo habitan desde tiempos anteriores, entonces se conquista y
no es un desierto.
La idea del desierto ha sido (y continúa
siendo) muy potente para imaginar la región pampeano-patagónica. En
buena medida el “desierto” es aceptado como una imagen de gran extensión
territorial y baja demografía. Pero es importante advertir que esta
representación también se vincula con la deshumanización y
homogeinización que se impuso a las sociedades indígenas. Si durante la
primera parte del siglo XIX se hacía mención a diversas “tribus” de
indígenas (por ejemplo la gente de Catriel, los Salineros, los
Rankülches, entre otras) que mantenían relaciones heterogéneas con el
Estado (relaciones de sometimiento; de cooperación; de intercambio
comercial; de enfrentamiento; etc.); hacia el último cuarto del siglo
XIX el discurso estatal se modificó de forma sustancial, dando lugar a
la imagen de un indígena homogéneamente concebido como representante de
sociedades bárbaras, traicioneras, viciosas y parasitarias, que debían
ser suprimidas por la superioridad y el orden de la civilización
estatal.
Domingo Faustino Sarmiento fue un precursor del discurso “civilizatorio” en nuestro país. En 1845 escribía Civilización y Barbarie, vida de Juan Facundo Quiroga, texto
que en parte produjo en abierto enfrentamiento al rosismo, pero también
respondiendo a las ideas vigentes de “poblar” el país. Decía Sarmiento:
“La inmensa extensión del país que está en
sus extremos enteramente despoblada… el mal que aqueja a la República
Argentina es la extensión: el desierto la rodea por todas partes (...)
Al sur y al norte acéchanla los salvajes que aguardan las noches de
luna, para caer, cual enjambres de hienas, sobre los ganados que pacen
en los campos y sobre las indefensas poblaciones…” (1993 [1845]:23)
Esta frase nos remite a ideas vigentes en la
actualidad que queremos debatir con ustedes: por un lado la imagen de
una Argentina despoblada antes de la inmigración, y por otro los
prejuicios hegemónicos sobre los pueblos indígenas que continúan
vigentes hasta nuestros días.
Recursos: Para conocer el proceso expansivo sobre Pampa y Patagonia durante el siglo XIX, recomendamos: http://www.mapaeducativo.edu.ar/pueblos_indigenas/images/mapa/conquista
4) La Argentina es un país sin indios.
Desde las campañas militares que el Estado
Nacional encaró a fines del siglo XIX para someter a los pueblos
indígenas y por casi una centuria aproximadamente, la explicación
respecto al destino de las comunidades formaba parte de un “no relato”,
es decir que apenas había menciones breves, ambiguas y contradictorias
respecto a lo que había pasado con ellos.
Se partía desde una supuesta“extinción” en la
Conquista del Desierto, en principio motivo de celebración, aunque luego
fue adquiriendo en algunos sectores características de lamento o
denuncia en términos de una pérdida de culturas originarias. De tal
modo, el imaginario dominante fue, hasta hace poco tiempo, que si
quedaban algunos indígenas en Argentina, estos eran pocos, marginales,
sobrevivientes en algún rincón del territorio o bien impuros, en tanto
ya habían sido asimilados –mestizados- con la población criolla.
En ese contexto, las políticas de exterminio no
fueron analizadas por la historia argentina, salvo en la propia
historiografía militar que autodenominaba a la expansión como una gesta
patriótica. Se daba por sentado que nuestro país era un país sin indios,
conformado por un aluvión inmigratorio y por tanto, descendía de “los
barcos”. Sin embargo, en las últimas décadas del siglo XX, diversos
investigadores comenzaron a indagar en el destino final de los indígenas
sometidos y a utilizar el concepto de “invisibilización” para explicar
las políticas de silenciamiento de “lo indígena”.
Entre ellos, Enrique Mases publicó en 2002 una
de las primeras obras que analizaba en forma sistemática, a través de
fuentes oficiales, eclesiásticas y periodísticas, el proceso de
reducción, deportación y distribución de los indígenas desde los
territorios incorporados en Pampa y Patagonia hacia los polos de
desarrollo económico del país, el impacto de esa situación en la opinión
pública –principalmente porteña- y los debates suscitados respecto al
devenir de los indígenas sobrevivientes hasta su total invisibilización
en el cuerpo de la nación.
Desde entonces, una serie de trabajos han
revelado las políticas de dispersión, de concentración, las formas de
invisibilización de la identidad a través de bautismos o la
incorporación a las filas del ejército, así como el sistema de
distribución de prisioneros que fue implementado a partir de la década
de 1870. La invisibilización fue, entonces, una política que incluyó el
desmembramiento de las comunidades indígenas, procesos de “desmarcación”
identitaria, además de prácticas de incorporación violenta de niños,
mujeres y hombres a espacios institucionales ajenos. Este tipo de
políticas sumaron, a la enajenación del territorio indígena, la
enajenación de los propios “cuerpos”, de las identidades de los sujetos
que dejaron de ser percibidos por el imaginario social como indígenas,
para subsumirse en sectores marginales bajo las denominaciones de
“peones”, “domésticas” o, simplemente, “paisanos”.
A continuación podemos ver dos imágenes que
representan fotográficamente a los indígenas ya integrados a la sociedad
“blanca”. Ambas imágenes son de fines del siglo XIX y comienzos del XX.
La foto 1, ha sido obtenida de http://eap.bl.uk/database/overview_item.a4d?catId=141918;r=23811 Archivo del Museo de la Plata. Archivo Fotográfico General. 1882-1906. (fecha de entrada Abril 2015).
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La foto 2, ha sido obtenida de http://eap.bl.uk/database/overview_item.a4d?catId=52089;r=6334 Archivo del Museo Metropolitano (s/d). (fecha de entrada Abril 2015). |
5) Los mapuches son chilenos.
La idea de “extinción” asociada a la conquista
militar de Pampa y Patagonia también se basó en otros discursos que hoy
en día se consideran históricamente falsos, pero que siguen teniendo
aceptación en el imaginario colectivo de los argentinos. Entre ellos se
destaca la idea de que “los mapuche son chilenos", e invadieron las
“pampas argentinas” tras una serie de enfrentamientos bélicos a
comienzos del siglo XIX: en este proceso los “mapuches chilenos” habrían
combatido y exterminado a los “tehuelches argentinos”, instalándose de
ese modo en el sur del país.
Con distintos matices, este fue el argumento de
la teoría de la “araucanización de las pampas” formulada en la década
1940 por Salvador Canals Frau. Esta mirada puso el acento en el
enfrentamiento y simplificó la complejidad del proceso histórico y las
diversas relaciones sociales que tenían lugar a un lado y a otro de la
cordillera desde tiempos muy anteriores. Estas relaciones fueron
revisadas por estudios antropológicos e históricos desde mediados de los
‘80 hasta nuestros días (Bechis 1984; Nacuzzi 1998; Lazzari y Lenton
2000; Berón 2011), proporcionando evidencia histórica y arqueológica que
demuestra la presencia mapuche en ambos lados de los Andes desde el
siglo XI dC.
Estos hallazgos provenientes de la
investigación cientifica se han venido confirmando durante los últimos
30 años, coincidiendo con los relatos históricos de las comunidades. Sin
embargo, algunas notas editoriales de medios de comunicación de tirada
nacional y regional continúan acudiendo hoy a las explicaciones
originadas en los ‘40 sobre la “araucanización de las pampas”,
desconociendo, ignorando o desacreditandola evidencia cientifica y la
memoria histórica de los descendientes de los pueblos indigenas.
Entonces, ni los mapuche son chilenos, ni los
tehuelche son argentinos. Sin embargo, la vigencia de estas ideas no
puede entenderse en razón de debates entre teorías solamente: se vincula
con los derechos territoriales de los pueblos originarios, que en la
actualidad son reconocidos desde la Constitución Nacional (volveremos en
la clase 4 sobre esto). Para profundizar sobre estas cuestiones,
incluimos la continuación algunas apreciaciones publicadas en medios de
comunicación masivos, así como fragmentos de trabajos de investigación y
fuentes referidas a la “araucanización de las pampas”:
“Pero atención: en esa historia, que tiene
muchos capítulos y muchos matices, no hay buenos y malos. No hay
ángeles. No hay víctimas. No hay “mapuches”. No hay “genocidio”. No hay
habitantes originarios, o mejor dicho sí los hay: originarios de Chile” (Diario La Nación, Rolando Hanglin, “La cuestión mapuche”, 2009).
[Los mapuche] son cobardes, se escudan en
la defensa de "derechos ancestrales". Buena es la ocasión para recordar
que no existe una etnia mapuche, si que se llaman araucanos y provienen
de Chile, mismos que masacraron a los tehuelches realmente originarios
de esta región. Espero que algún día pidan disculpas”. (Diario Río Negro. Carta de lectores, enero de 2013)
“La presencia de elementos culturales
transcordilleranos en la región pampeana puede fecharse a comienzos del
segundo milenio (Hadjuk 1981-1982) tanto en objetos cerámicos, líticos y
textiles. Esta manufactura prehispánica posee la misma antigüedad a
ambos lados de la cordillera: CA. (alrededor de) 1000 AP… Estas
relaciones evidencian la movilidad regional de las poblaciones a ambos
lados de la cordillera y la profundidad temporal de este proceso, siendo
además muy anterior a lo que los documentos “oficiales” registran, y
aún a lo que la tradición ha fijado como inicios probables… ” (Berón y Radovich, 2007)
“La idea frecuentemente expresada de una
población indígena pampeana como esencialmente diferente de la de la
Araucanía Chilena no parece corresponder a esas realidades sino que está
estrechamente ligada al proceso histórico de constitución de los
estados nacionales en la Argentina y Chile y al lugar que cada uno
asignó a la población indígena… (Mandrini 1994: : 145)
“Las denominaciones (de los indígenas) fueron efectuadas por los españoles y no necesariamente coinciden con la que los propios grupos se han dado a sí mismos (autónimos).
Además, suelen corresponderse con las terminologías utilizadas para
denominar a otros pueblos en su afán de ordenamiento para la dominación.
Así, entendemos que el término “araucano” constituye en realidad una
atribución efectuada por “otros” (exónimo). En cambio, la categoría de
“mapuche” se corresponde con una identidad que engloba diferentes
parcialidades (territoriales, dialectales, etc.) y que implica la propia
identificación y el distanciamiento de las denominaciones que
tradicionalmente fueron popularizadas por los conquistadores.La forma
como conciben a los diferentes grupos tales lecturas de las identidades,
dejan fuera de todo análisis el cambio sociocultural, las relaciones
hispano-criollas e indígenas muy anteriores a la Conquista del Desierto
y las grandes transformaciones operadas a partir de la inserción de los
pueblos indígenas en las sociedades nacionales. Al no poder comprender
(o desconocer) estos procesos, se recurre a la pretendida “invasión” o
“absorción” como única explicación posible para dar cuenta de la
aparición o desaparición de los diferentes grupos indígenas”. (Trentini, et. alt. 2010: 191)
Artículo 75. Inc. 17 de la Constitución Nacional Argentina. 1994.
“Reconocer la preexistencia étnica y cultural
de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su
identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural;
reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y
propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y
regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo
humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de
gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida
a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten. Las
provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones”.
Programas de Radio Nacional Bariloche: “La cuestión Mapuche desde la Ciencia”. En: http://www.nacionalbariloche.com.ar/?p=14482 (Entrada 14/04/2015).
|
A modo de cierre
En esta clase hicimos eje en algunas frases
afianzadas en el sentido común argentino. Reflexionar sobre las mismas
nos permite empezar a pensar las relaciones interétnicas en perspectiva
histórica, y analizar con profundidad los procesos de invisibilización
de lo indígena. Trabajamos con las formas en las que la identidad
nacional se imagina en coherencia con la extinción de los Pueblos
Originarios, y como se crean amenazas que tienen como protagonistas a
los mapuche a partir de la asignación de una nacionalidad chilena en
periodos en los que los estados nacionales aún no tenían un control
sobre las regiones de Pampa y Patagonia.
Referencias bibliográficas
Bechis Rosso, Martha 1984 Interethnic relations during the period of nation-state formation in Chile and Argentina. From sovereign to ethnic. Ph. D. Thesis. Ann Arbor. Michigan University Microfilms Int. Michigan.
Berón, Mónica. 2011. “El Rehue de Ñorquinco, un diacrítico de interacción social y cultural transandino.” En: El Lof Ñorquinco y la historia de sus pobladores: de la expulsión a la reconstrucción.Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras - UBA, Buenos Aires.
Berón, Mónica y Radovich, Juan Carlos. 2007.
“El pueblo mapuche en el contexto de los procesos histórico-sociales del
área patagónica”. En: Nuestro patrimonio natural y cultural, Año 4, Nº 4. APN. Buenos Aires.
Canals Frau, Salvador .1986 [1953]. Las poblaciones indígenas en argentina. Su origen, su pasado, su presente. Hyspamerica. Buenos Aires.
Lazzari, Axel y Diana Lenton. 2000. “Etnología y Nación: facetas del concepto de Araucanización”. En Avá Revista de Antropología, #1, abril. Programa de Posgrado en Antropología Social. Posadas. pp. 125-140.
Mandrini, Raúl. 1994. “¿Sólo de caza y robos vivían los indios? Los cacicatos pampeanos del siglo XIX”. En Siglo XXI, Nueva Época. N° 15, México. pp. 5-24.
Mases, Enrique Hugo. 2002. Estado y cuestión indígena: El destino final de los indios sometidos en el sur del territorio (1878-1910). Prometeo Libros/ Entrepasados. Buenos Aires.
Sarmiento, Domingo F. 1993 [1845]. Civilización y Barbarie: Vida de Juan Facundo Quiroga. Biblioteca Ayacucho. Caracas.
Trentini, Florencia, Valverde, Sebastián,
Radovich, Juan Carlos, Berón, Mónica y Balazote, Alejandro. 2010. "Los
nostálgicos del Desierto": La cuestión mapuche en Argentina y el estigma
en los medios”. En: Cultura y Representaciones Sociales., vol. 8. México D.F. pp. 186 – 212.
Espero que les haya gustado y los invito a leer la clase 2...

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